lunes, 14 de agosto de 2017

Los paraísos perdidos

Ayer estuve viendo de nuevo 'Los paraísos perdidos', de Basilio Martín Patino, que es la mejor manera (creo) de homenajear a alguien que se acaba de ir. Me interesan mucho los temas que aborda: como espectador, como lector y como escritor. La vuelta a los orígenes, el regreso a los paisajes de la infancia, la muerte de los padres, el paso del tiempo, el olvido... Temas esenciales, evidentemente. Me gusta ese modo de narrar, que a veces casi parece un documental. Y la voz de Charo López leyendo las palabras escritas por Hölderlin. Charo compone muy bien ese personaje de mujer comprometida, intelectual, con algunas heridas a sus espaldas, que se resiste al olvido. Y que, a pesar de los vaivenes de su propia existencia, decide que es mejor arriesgarse a un baile que quedarse sentada de brazos cruzados. Esas determinadas maneras de posicionarse en aquellos tiempos en los que se rodó la película (1985) y también en estos. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Carteles

En el primer piso del edificio donde vivían mis abuelos maternos, en Mieres, había una peluquería. Una de esas peluquerías, tan características por entonces, situadas en una de las habitaciones de la casa de la propia peluquera. Mi abuela, que vivía unos pisos más arriba, bajaba todas las semanas y mi madre también se arreglaba allí muchos sábados. De niño, me gustaba el olor y el ambiente de aquel lugar. Las risas de las mujeres, el sonido de los secadores, el olor de todos aquellos productos, el pelo (de diferentes colores) recién cortado sobre las baldosas. A veces, entre ellas, también se peleaban y, ante mi asombro, se decían de todo para, minutos después (la peluquera era la que ponía un poco de orden), volver a reírse alegremente, aquí paz y después gloria. Todo ese jolgorio era mucho más divertido que aquellos otros locales masculinos, tan serios y envarados, donde mi madre me llevaba a cortar el pelo, dónde iba a parar. 
Ayer, unas calles más arriba de nuestra casa, me encontré con el cartel tan setentero de una peluquería que me hizo recordar todo aquello. 

domingo, 30 de julio de 2017

Elvira Lindo y 'Los días raros'

Por razones que no vienen al caso aquí, este verano está siendo muy complicado. Por eso, más que nunca, aprecio los gestos positivos. Valoro, como sabéis, todas las opiniones sobre mis libros, pero cuando vienen de alguien a quien admiro tanto desde hace años, la alegría es un poquito mayor. Elvira Lindo acaba de leer 'Los días raros' (Ediciones Trabe) y ésta es su opinión:

"Leí tu libro y, como siempre, me conmovió la sensibilidad y la humanidad que hay en tu mirada del mundo. Es precioso."

Muy agradecido, querida Elvira, por tu tiempo y por tus palabras. Palabras que en este verano de 2017 se hacen, para mí, aún más valiosas. 

sábado, 29 de julio de 2017

Celia Pinto

Celia Pinto. Hay veces que conviene dejar los problemas en casa y salir a la calle. Eso pensó ayer mi hermana y dijo: os invito a cenar, escoged el sitio que queráis. Escogimos Celia Pinto. Teníamos muchas ganas de ir porque nos habían hablado muy bien de él. Y cuando esto pasa, temes que la cosa te defraude. No fue así. Un lugar para comer bacalao. Con aires portugueses, evidentemente. La música de fondo, el ambiente, la temperatura del vino y ¡la comida! El bacalao y los postres. Qué maravilla. Por un momento, casi te imaginabas allí, en alguno de los rincones de Lisboa (también quiero volver), mecido por esa lentitud y esa calma que al caer la noche se siente en la capital portuguesa. Creo que hay que denunciar esos sitios donde te toman el pelo (cada vez con más frecuencia) y esos otros donde merece la pena invertir el dinero. Celia Pinto es de estos últimos. Por eso escribo esto. 

martes, 18 de julio de 2017

Veranos

Hay veranos para las risas, para las bicicletas, para las noches interminables. Hay veranos para hundir los pies en la arena caliente, en el mar helado, en la hierba húmeda del jardín. Hay veranos para dejarse llevar por esa corriente de algarabía, de cerveza helada, de sol intenso. Hay veranos sin relojes. Y luego hay otros veranos en los que cada minuto cobra su importancia, en los que la incertidumbre persigue nuestros pasos y en los que te gustaría que el 18 de julio fuese ya el 18 de octubre (como poco). 
Hay veranos maravillosos y hay otros, en fin, sobre los que te gustaría pasar de puntillas. Como si uno no fuera uno mismo sino una sombra extraña que se hiciera un hueco en nuestro cuerpo.  

sábado, 8 de julio de 2017

Días de lluvia

Hoy tampoco habrá paseos por la playa, ni cervezas heladas en las terrazas. Saldré a la calle y, mientras Íñigo termina de trabajar, daré una larga caminata y recogeré en la biblioteca uno de los libros que tenía reservados. Tal vez, en la biblioteca, encuentre otro hallazgo y, a la salida, me anime a comprar un pequeño ramo de flores en uno de los puestos del FontánLuego, llegaré a casa de mis padres y prepararé un pisto casero para los tallarines, y abriré una botella de vino tinto, y tomaremos queso y piña de postre. Y escucharemos la lluvia con la ventana abierta mientras bebemos un gin-tonic y recordamos el sol de otros veranos. Estoy seguro de que también recordaremos otras cosas. Y caerá la tarde, y regresaremos a casa, en silencio, bajo ese paraguas azul y negro que compramos el otro día cuando nos pilló por sorpresa la tormenta, y ninguno de los dos pronunciará la palabra otoño ni la palabra invierno. Porque las únicas horas que cuentan son éstas, las que viviremos a lo largo de este día oscuro y lluvioso de principios de julio. 

jueves, 6 de julio de 2017

Escribir

Hay días en los que, aún queriendo, no puedes escribir nada. No es por falta de tiempo, ni por cansancio. Es por ciertas cosas que tienes en la cabeza y no puedes dejar de pensar en ellas. Quieres escribir, avanzar en lo escrito, inventar algo nuevo, investigar. Es imposible. Entonces, siendo honestos, lo mejor es dejarlo. Cerrar el cuaderno y no buscarte más líos. Lo mejor es sentarte a la mesa de la cocina, abrir la ventana, escuchar los sonidos que proceden del patio. La algarabía de los niños, el sonido de un televisor lejano, una música demasiado alta, alguien que bate huevos para una tortilla. Escuchar esos sonidos. El runrún de las vidas ajenas. 
Y comer una manzana muy verde, disfrutarla despacio, como si fuera el último acto que fueses a hacer en esta tierra. 

miércoles, 5 de julio de 2017

Contrastes

Los bancos de la plaza de La Escandalera están pintados con los colores de la bandera gay desde el miércoles pasado. Aunque ya los había visto en fotos, ayer pasé por allí. Fue a primera hora de la tarde. Hacía mucho calor, el sol apretaba con fuerza, apenas había gente allí sentada. Los colores de los bancos resaltaban con aquella intensa luz y le otorgaban a la plaza cierta alegría y cosmopolitismo. Se han pintado como un símbolo. El símbolo de una lucha y una reivindicación. Ambas cosas siguen siendo necesarias. Los símbolos, también. Por eso están pintados los bancos así. Es algo sencillo de entender si has sufrido discriminación por tu condición sexual y si tienes un poco de sensibilidad con los que la han sufrido (y la siguen sufriendo). Apenas había gente, ya digo. El calor no daba mucha opción, a pesar de que se trata de una plaza muy transitada. Una pareja de ancianos, bajo un enorme paraguas de color negro, arañaban un poco de sombra y veían a la gente pasar sentados en uno de aquellos bancos de colores. La oscuridad de sus ropas destacaba poderosamente. Curioso contraste. Las ropas negras y el arco iris. No sé si aquel hombre y aquella mujer tan mayores conocerían la historia del movimiento gay, los disturbios en el Stonewall y todo lo demás. Supongamos que no. Quizá por eso, y por alguna otra cosa más, aquella ráfaga de ternura me alcanzó durante unos segundos. Una de esas imágenes que se graban en tu cabeza sin necesidad de fotografías.   

martes, 13 de junio de 2017

Cumpleaños

Mi madre cumple hoy 68 años. Qué duda cabe que, después de todos los vaivenes relacionados con las enfermedades, el mejor regalo (para ella, para nosotros) es estar aquí. Vivimos tan deprisa y, en el fondo, somos tan ingenuos que a veces no somos conscientes de la continua incertidumbre en la que vivimos. Otras, en cambio, sí lo somos. Y entonces nos inventamos paraísos -con palabras, con músicas, con gestos, con silencios...- para hacer más habitable la vida en medio de esa cruel e inevitable incertidumbre. 
Hace justo un año ponía fin a ese diario que acabo de publicar. Terminarlo el día de su cumpleaños fue algo premeditado. Después de ese día sucedieron tantas cosas que ahora mismo no tengo fuerzas para contarlas. Por eso estoy escribiendo de nuevo ficción. Perderse en la vida de esos personajes inventados es otra manera de luchar contra las incertidumbres. Pero a lo que iba: terminaba el diario diciendo que iba a buscar a mi madre. 
Y eso es lo que me dispongo a hacer en un rato. 

viernes, 9 de junio de 2017

21 de junio

Me han invitado a las Tertulias del Campoamor. Será el 21 de junio, a las 20 horas., en el Salón de té del teatro Campoamor. Me entrevistará una escritora a la que aprecio y admiro, Natalia Menéndez, cuyo último libro de poesía, 'Invadir Babel', os recomiendo desde este mismo momento. 
Os dejo la fecha por si os apetece acompañarme. 
Será un placer. 

viernes, 26 de mayo de 2017

Ante el cierre de la librería Ojanguren

Poco a poco, esta ciudad se está convirtiendo en uno de esos parajes desolados de las películas de ciencia ficción, donde las cosas relacionadas con el mundo cultural eran algo que existió en un tiempo muy lejano, y donde todos, inmersos en una especie de desolación inevitable, caminamos como auténticos zombies, salvando nuestro propio pellejo (si eso aún es posible), desorientados, desamparados, alienados. 
Una librería con un fondo impresionante, donde siempre se hallaban libros que no se encontraban en otras librerías. Qué tristeza. 

lunes, 15 de mayo de 2017

La textura del deseo

Este artículo fue publicado en la revista digital LaEscena

María Tena debutó en la literatura con una novela absolutamente deliciosa, 'Tenemos que vernos'. Fue en el 2003 y quedó semifinalista del Herralde. Después, publicó un par de novelas más: 'Todavía tú', también semifinalista del Herralde, y 'La fragilidad de las panteras', finalista del Premio Primavera 2010. Desde entonces, quienes seguimos esa trayectoria, esperábamos con ganas su nuevo trabajo, galardonado con el Premio Málaga de novela del año pasado. Y aquí está, 'El novio chino', su cuarta novela. 
Se trata de una novela llena de sutilezas, de insinuaciones, de hechos que se traslucen tanto con palabras como con silencios. Tena ha logrado depurar el lenguaje hasta quedar con lo preciso, lo que cuenta, lo que importa. Lo esencial. Las palabras que sirven para definir el pasado de esos dos hombres tan diferentes en todo (edad, procedencia, formación cultural...) y los silencios que ayudan a comprender cada una de sus posiciones vitales, de sus problemas, de sus respectivos cansancios. Ahí, en ese contraste, se mueve esta espléndida novela. Hay saltos atrás en el tiempo, perfectamente insertados en la narración, que descifran el carácter de sus protagonistas. Cómo y de qué manera han llegado hasta aquí, hasta ese momento en el que, después de la atracción inicial, comparten sus vidas. Y todo lo que eso conlleva. El conocimientos de los cuerpos. El contraste entre Oriente y Occidente. Y el contraste entre dos personas que vienen de mundos tan diferentes, tan alejados, tan contrapuestos. Y la fascinación, claro, que surge en medio de esos contrastes. 
Se sugiere más que se muestra. Y cuando algo se muestra -una mañana festiva en la cama, por ejemplo: un detalle aparentemente tan insignificante que puede explicar tantas cosas-, se hace con tanta sutileza que el deseo se adueña por completo de esos párrafos, de esas páginas, convertido en una especie de personaje más. Personaje atento, silencioso, que se mueve entre los cuerpos, entre las pieles de estos dos hombres, de un modo casi invisible pero contundente, definitivo. Pocas cosas hay más poderosas que el deseo como nos dejó claro Marguerite Duras a lo largo de su extensa, compleja y fascinante obra. La textura de aquel deseo, siempre presente en nuestras (re)lecturas.
La textura del deseo, también aquí, en esta más que recomendable novela de María Tena, la cuarta. Sobre eso, el deseo y su textura, y sobre la condición humana, siempre tan compleja, tan variable, tan extraña. 

sábado, 13 de mayo de 2017

Maullidos

Los maullidos de un gato me despertaron a las cuatro de la mañana. Procedían de la calle. Maullaba de un modo muy parecido a Francesca cuando llegamos a casa y se siente abandonada (da igual que hayamos estado fuera media hora que el día entero: los lamentos de abandono son los mismos), así que tal vez fuese una gata. Seguro que era una gata. Levanté la persiana y eché un vistazo. Los maullidos persistían, pero, pese a las luces de las farolas, no logré distinguir dónde se encontraba. No creo que se tratase de una gata callejera (vamos a suponer que era una gata), sino de una que se había escapado de alguna de las casas de los alrededores. Preparé café y me puse a escribir. Los maullidos persistían. Francesca, medio dormida, ni se inmutaba. Un rato después, se oyeron unas voces y la gata (vamos a seguir suponiendo que era una gata) dejó de maullar. Quizá sus dueños dieron con ella. Seguí escribiendo. Ahora, con el sol entrando por la ventana del estudio, todo está en silencio. Sólo el sonido de unos pájaros rompe ese silencio. Francesca, ya despierta, observa su vuelo inquieto, con desgana. 

jueves, 4 de mayo de 2017

Presentación en Oviedo

Cuando Esther Prieto me llamó en enero para decirme que la presentación del diario sería el 4 de mayo, me pareció algo tan lejano como si me hubiese hablado del verano o de una nueva Navidad. Lo apunté en un papel y seguí con mis tareas cotidianas. Según pasaban los días, seguía pareciéndome una cosa lejanísima. Se publicó el diario. Llevo casi dos meses de aquí para allá con él, porque creo que si los editores apuestan su dinero en tu trabajo, debes corresponder del mismo modo. Estoy un poco cansado porque promocionar un libro, aunque lo parezca, no es algo sencillo. No siempre tienes ganas de hablar en público, no siempre tienes ganas de entrevistas, de relacionarte. El diario está ahí y tus historias también. Pero no debe decaer el ánimo. Y si decae un poco, disimulas. 
Y, por fin, ha llegado el 4 de mayo, el día de la presentación en Oviedo. Con Iván Alonso y Azucena Vence, dos personas muy apreciadas por mí. Sé que las 7 de la tarde no es una hora muy buena para la gente que trabajáis, pero nosotros vamos a estar allí, en el Club de Prensa, esperándoos.
Y lo vamos a pasar bien. Contad con ello. 

martes, 25 de abril de 2017

El final

Qué terrible es el último e impresionante capítulo de 'Feud: Bette and Joan'. Las dos leyendas prácticamente olvidadas, consumidas por la nostalgia y el alcohol, perdidas en malas películas, tratando de conservar sus nombres y todo lo que eso significaba. Dos mujeres solas. Dos mujeres que hicieron memorables interpretaciones y ahora, a un paso de la muerte, están solas. Los únicos reflejos dorados que las acompañan son los que deja la luz en sus vasos de alcohol. Los otros, ya tan lejanos, casi son un tormento para ellas en ese presente tan decadente. Alivia pensar que Davis recibió aquel Donostia, convertida en una sombra de sí misma, quince días antes de morir. 
La vida, qué tremenda. Y qué tremendos también algunos finales. 
Cuánto sufrimiento, hayas sido quien hayas sido, antes de que el telón se baje definitivamente.  

domingo, 23 de abril de 2017

Más libros

Como el librero que hay en mí se resiste a desaparecer, para tal día como hoy recomiendo a quien pueda interesar los últimos libros que he leído, que estoy terminando de leer y que me han gustado. Citaré sólo diez para no hacer esto demasiado largo. 

'Piel de lobo'. Lara Moreno
'La quietud'. Ignacio Ferrando
'Un día en la vida de una mujer sonriente'. Margaret Drabble
'El paseo'. Atila Bartis
'Tierra de campos'. David Trueba
'Miel del desierto'. Edith Pearlman
'Los siete años de abundancia'. Etgar Keret
'Todo lo que ya no íbamos a necesitar'. Maite Núñez
'La pertenencia'. Gema Nieto
'La tinta del calamar'. Miguel Barrero

(No destaco los libros que ya he reseñado en diferentes medios porque eran reseñas positivas y, por tanto, en la reseña misma estaba implícita la recomendación.)

'

jueves, 20 de abril de 2017

De libros y libreros

Cuando entro en una librería, lo que viene siendo muy a menudo, me dan ganas de organizar, colocar lo que considero que no está en el sitio que le correspondeatender a la gente. En fin, maniobras y vicios del que no se ha desprendido aún del oficio. A veces, sinceramente, lo que siento son ganas de ponerme a gritar. El otro día, sin ir más lejos. A mi lado, una mujer de unos 40 años le preguntaba al dependiente (que no librero) por un libro para regalar a una amiga. El tipo, medio aturdido, le dice, bueno, tiene los de Isabel Allende... ¡Isabel Allende, por el amor de Dios! Si ni siquiera tiene libro nuevo... Una escritora para una mujer (¿por qué no Eloy Tizón, Richard Ford, Ignacio Ferrando o Thomas Bernhard?): los niños con los niños y las niñas con las niñas (apostaría un euro -sin temor a perderlo- a que si hubiese sido un hombre el que pidiera recomendación para un regalo a un amigo le enjaretaba a Pérez Reverte). De lo que hay que tratar de informarse si eres un librero decente es del nivel de lectura que tiene la persona a la que se va a regalar el libro en cuestión, vamos digo yo. Y ya puestos, por recomendar a escritoras (cosa que yo muchas veces hacía, independientemente del sexo de la persona a la que iba destinado el regalo), ¿por qué no Matute, Laforet, Lindo, Puértolas, Fernández Cubas, Ginzburg, Atwood o Berlin? Pues supongo que porque el dependiente (que no librero) tendría tanta idea de la obra de estas señoras como yo de equipos de fútbol. O sea, ni puta idea. El caso es que, por primera vez en mucho tiempo, a pesar de llevar siete años intentando buscar trabajo como librero en esta ciudad (sin éxito alguno)no me dieron ganas de gritar ni de ponerme de mal humor al contemplar esta ridícula escena. Salí de allí con una sonrisa y con una extraña paz. Convencido de que el que está perdido es el mundo y no yo, que tengo mis cosas pero todavía sé distinguir determinados caminos. 

sábado, 15 de abril de 2017

Algunas cosas que han dicho sobre 'Los días raros'

Algunas opiniones sobre 'Los días raros' (Samuel Castro, editor):


*Un libro precioso y conmovedor. Rosa Montero

*Una hermosa joya literaria. Graciano García

*Sensibilidad, serenidad, autenticidad, humanidad... Me ha gustado mucho este diario. Laura Freixas

*Parades despliega sensibilidad impresionista en cada trazo que esgrime. Librería La Buena Vida (Madrid)

(No subo esto por vanidad -estoy mayor para tonterías-, sino por sincero agradecimiento a las personas que han dedicado su tiempo a leer mi diario y a escribir estas cosas tan bonitas sobre él. Y si esas palabras sirven para que otras personas se acerquen a mi trabajo, bienvenidas sean, dados los tiempos que corren, la apuesta de Trabe por mis trabajos y las dificultades con las que vivimos la mayoría de los escritores.)

jueves, 13 de abril de 2017

Nueva novela

Ahora, cuando ya casi da un poco todo igual, cuando ya están escritas todas las novelas, cuando mirarte sigue siendo la única salvación, ahora, digo, es cuando acabo de empezar a escribir yo una nueva novela. Sólo será eso -si llega a publicarse como si no, ignoro su destino-: una novela más, perdida entre las miles de novelas que se han escrito y las que se están escribiendo ahora mismo. Será, eso sí, ahora que el tiempo y la vida son algo diferente a lo que nos habíamos imaginado, una novela elaborada lentamente, sin prisa, disfrutando de su escritura. Será, si llega a buen puerto, al puerto deseado, mi tercera novela. Hace varios días que un nuevo viaje ha comenzado. Y estoy contento, y un poco aturdido también. 

sábado, 8 de abril de 2017

'Los días raros' ya ha emprendido su viaje

Hablábamos el otro día en el club de lectura al que me invitaron de la relación entre escritor y lector. Puede haber muchas lecturas sobre lo que cada uno escribe, como es lógico. Tantas como lectores. ¿Lo ideal?, me preguntaban. Lo ideal es cuando una persona que te lee capta aquello que tú has querido expresar. En mi caso, normalmente, en el silencio de la madrugada. Meli es una de esas lectoras fieles y atentas. Por eso agradezco siempre sus palabras tras la lectura de mis libros. Aquí las dejo:


"Terminé de leer 'Los días raros' esta tarde y me ha gustado mucho. Está escrito como un diario que abarca desde el 8/1/2016 hasta el 13/6/2016.
Seis meses, donde va contando las sensaciones originadas por la enfermedad de su madre, los problemas de su gata Francesca, la falta de trabajo y algunos recuerdos de su infancia feliz.
También esos días están llenos de literatura, de cine, de música, de teatro, de poesía y sobre todo de amor: remedios maravillosos 
para salvarnos de las adversidades.
Hay mucha lluvia,viento y curiosos apuntes metafóricos como "Un papel azul" el hilo que, seguramente, servirá para una nueva historia.
Un libro precioso, que os recomiendo."

Gracias, querida. Ya ha aparecido ese hilo, por cierto. Ya voy tirando poco a poco de él.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Pájaros

Esta mañana, muy temprano, al abrir la ventana, pude sentir el murmullo de algunos pájaros cerca. Era una sensación curiosa: aún no había amanecido y ahí estaban, quizá sobre un cable o un tejado, alborotados. Me gusta ese sonido, el de los pájaros. Y también me asusta un poco. Cuando mi abuela, consumida por el cáncer, estaba en el hospital, veía pájaros por el suelo de la habitación. Nos mandaba callar y decía: ¿no los oís? Nos entraba una risa nerviosa que no era otra cosa que la exaltación de la inquietud. Pensándolo ahora, pese a lo tremendo de la enfermedad, había algo poético en todo aquello. La abuela podía escuchar pájaros que no existían a los ojos de los que no estábamos enfermos. 
Y recordándolo esta mañana, mientras escuchaba el alboroto de estos pájaros reales, sobre un cable o un tejado, me ha parecido que esa historia, la de la abuela enferma que veía y escuchaba pájaros por el suelo de una habitación de hospital, bien podría ser una historia de Flannery O´Connor. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

La vida, un instante

Te levantas, escribes, sigues la rutina establecida. Y de repente, el mediodía. Preparas la comida. Tocan lentejas. Sabes que a él no le gustan demasiado, pero hay que comerlas de vez en cuando: son económicas y saludables. Él llega de la oficina. Habláis de las cosas de la jornada, como todos los mediodías. Podíamos ir a dar una vuelta por el FNAC, propones. Él dice: Vale, cuando termine de trabajar. Cogéis el coche, vais hasta Parque Principado (o como se llame ahora). Te apetecen muchas cosas, eso ya lo sabías de antemano. No deberías comprar ese libro, pero lo compras. Él te mira, sonríe, sabe que no vas a salir de allí sin nada. Es el Día de la Poesía, hay que celebrarlo (aunque el libro que has escogido no sea de poemas, sino de relatos). Llueve con fuerza. Sientes la lluvia sobre la cabeza hasta llegar al coche. Siempre es una sensación agradable. Ya en el coche, de regreso, recibes en el móvil un mensaje de tu hermana: Os invito a un vino, si os apetece. Le contestas: Nos apetece. Ya casi estáis llegando a casa, en dirección al garaje, al bar donde habéis quedado. Y de repente, una loca a toda velocidad no se detiene donde tendría que haberse detenido y sientes que la loca y su enorme coche ya están encima de ti, de tu marido, de vuestro pequeño coche. Sientes el fin, los cristales rotos por todas partes, el cuerpo paralizado. Pones los pies hacia delante y aprietas con fuerza el libro que llevas en las manos, como si con esos gestos detuvieses la desgracia. La loca consigue (por escasos segundos) detener la desgracia. El corazón te sale del pecho. Todos los nervios del mundo en la boca del estómago. No articulas palabra. Ni siquiera le dices a la loca: estás loca. Sólo sientes que la vida no es más que eso, un instante.   

martes, 21 de marzo de 2017

Adiós (Poema inédito)

Estás muerto, 
y no siento nada. 
Mi cuaderno 
reclama unas palabras. 
Supongo que solicita
un esbozo de aquel
tiempo de amor
incendiario, 
inmaduro, 
inconsciente.
Pero no puedo
escribir lo que no siento. 
Ya no eras nada 
para mí
mucho antes de 
tu desaparición.
Humo, cenizas, ruina. 
El paisaje que queda
después de una guerra.
Ya sólo recuerdo eso. 
Ese fue el equipaje 
que me llevé en los 
bolsillos 
cuando cerramos 
-violentamente-
aquella puerta. 
A veces, con ese 
equipaje, 
uno puede sentirse el 
hombre más desdichado de
la tierra.
Y también el 
más ridículo. 
Aunque aún no
hubiese llegado 
a los treinta. 
Estás muerto,
y lo siento. 
No quiero decir más. 

jueves, 9 de marzo de 2017

La quietud

Hace frío. El sol entra por la ventana entreabierta (me gusta sentir esas pequeñas ráfagas de frío) y va dejando luces en el suelo, en el cristal, en mi mano, en el lomo de la gata. Siento las piernas algo cansadas por el largo paseo. Es una sensación agradable, no obstante. Tengo que leer lo que escribí esta mañana, antes de que amaneciese. Corregir lo escrito. He terminado un cuento y eso siempre es motivo de euforia y de vértigo. Pero voy aplazando el momento. Leo el último libro de Ignacio Ferrando, 'La quietud'. No quiero dejar de hacerlo. 
A veces, aproximándose el mediodía, uno se encuentra con una paz extraña y placentera. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo

No tuvo que enseñarme a respetar a las mujeres porque, observando desde muy pequeño cada uno de sus comportamientos, ya estaba implícito ese respeto. El respeto, sí. Y la educación, los buenos modales, la libertad (y los medios, claro) para que nos convirtiésemos en aquello que deseábamos. Todo eso lo aprendí de ella, de mi madre. No hacía falta más que seguir su modo de actuar, que es lo que solemos hacer cuando tenemos pocos años y empezamos a descubrir el mundo. Observar y actuar como los mayores lo hacen. Mi madre me compró mi primer libro y, ayer mismo, tantos años después, el último hasta la fecha. Ella también me compró mi primera muñeca porque consideraba que no había nada de malo en que un niño jugase con muñecas. Esa naturalidad -que no deja de ser otra manera de expresar el respeto y de diferenciarse de los intolerantespara todo es una de las cosas que más admiro en ella. Por eso, y por otras razones que os imagináis, mis palabras en este día van para ella. La solidaridad y la complicidad, con todas las demás. Como todos los días, vaya. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Loli, esa amiga

Ahí viene, con su abrigo de leopardo y su melena rubia bajo un sombrero que le sienta de maravilla. Ahí viene, Loli, mi amiga, amiga de nuestra familia desde que mi memoria recuerda, tantos años ya. Ya escribí más veces sobre ella. Loli es glamour, es estilo, es diferencia. Loli, vamos a decirlo claramente, es única. Va más allá de esta ciudad. Loli es un personaje de Madrid, de París, de Londres, de Nueva York. Mi madre (son amigas desde muy jóvenes) siempre me cuenta que, antes de casarse, iban juntas por Mieres y ella, Loli, llevaba un abrigo rojo espectacular y todo el mundo se volvía para mirarla. Ella no quería llamar la atención: ella era así. Yo aún no había nacido, como el protagonista de la última novela de Ian McEwan, pero puedo imaginarla. Tan rubia, tan llamativa (sin pretenderlo), tan auténtica. Como Marilyn, como Catherine, como Sara. Pertenece a esa misma estirpe de mujeres, de estrellas (no hace falta ser actriz ni cantante, ni siquiera escritora, para ser una estrella). Aunque no haya sido actriz, ni cantante, ni escritora, ni falta que le hace. Ha sido (y es) nuestra amiga. Estuvo en nuestra boda, está en nuestras vidas, siempre tan cercana. Es un personaje de esta ciudad y es un personaje de Studio 54. La recuerdo una Nochevieja, finales de los ochenta, con un mono de lentejuelas digno de la mismísima Liza. Los diferentes nos encontramos. Sobre todo, en lugares tan pequeños como éste. Yo lo tuve fácil. Ya estaba en mi vida cuando nací, y ahí sigue, formando parte de ella. Un espíritu libre. Mi amiga. En este Oviedo ruinoso y en aquel otro lleno de luces donde todo parecía posible.  

sábado, 4 de marzo de 2017

La felicidad (o así)

No voy a andar contando aquí mis problemas, pero lo reconozco: ayer no tuve mi mejor día. Pero lo positivo de los malos días es que, de repente, todo puede cambiar. Vas al cine (el lunes hablaré de 'El viajante' en LaEscena, pero la recomiendo desde este mismo instante), sales con esa satisfacción que da siempre ver una buena película en pantalla grandedespués te tomas un par de vinos y la cosa parece que va mejorando. Entretanto, recibes la llamada de una amiga que te dice que se acaba de acordar de ti y que quiere saber cómo va todo. Y qué coño: te alegra que se acuerden de ti inesperadamente tus amigas. Para terminar, entre vino y vino, tu marido te regala esos cuentos de Daniel Monedero que tenías tantas ganas de leer y, aunque los problemas siguen ahí, todo cambia como por arte de magia. En el fondo, tampoco es tan difícil hacer feliz a un hombre (de letras). 

viernes, 3 de marzo de 2017

Recordando a Duras

Marguerite Duras sigue siendo una escritora esencial para mí. Hoy se cumplen 21 años de su muerte. Y yo recuerdo aquella lápida desnuda en un cementerio de París, verano del 2007, cubierta con numerosos billetes de metro donde la gente le dejaba mensajes de admiración o frases de sus obras. Leerla es la mejor manera de recordarla. Cabaret Voltaire acaba de reeditar 'El marinero de Gibraltar', una de sus primera novelas. 
Su amiga Jeanne Moreau, que dio vida a la protagonista de 'Moderato cantabile', escrita por Duras, y a la propia escritora en otra película, muchos años más tarde, dijo hace algún tiempo: Marguerite Duras era imparable. Algo así nos imaginábamos.  

miércoles, 1 de marzo de 2017

Quince años

Una vez me dieron un premio en Madrid por un cuento. Era bastante dinero (trescientas mil pesetas, creo recordar) y había que ir a buscarlo para recibir el dinero. Fuimos a recogerlo. Allí, poco después de la entrega, nos enteramos de la noticia: una amiga había tenido una niña. Ayer, durante el paseo matutino, nos encontramos con la chica y con su hija. Estaba contenta porque, como era carnaval, no tenía clase. Estaba de cumpleaños. Quince años. Qué vértigo sentí. ¡Quince años! Esto ya empieza a dar un poco de miedo. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Modistas

Recuerdo a mi abuela Virginia siempre alegre delante de su máquina de coser. A pesar de los problemas, ella cosía y reía. Era feliz haciendo su trabajo. A veces, cantaba. Y nosotros, tan pequeños entonces, nos uníamos a la fiesta. Cuando estoy triste o agobiado, recuerdo aquellas tardes de sábado. Y me digo que aquella actitud de la abuela es la que hay que seguir. Leyendo la entrevista que hoy Elvira Lindo le hace a una de las modistas de Caprile, me he vuelto a acordar de mi abuela. Aquella risa. Aquellas canciones. Aquel amor que sentía por su trabajo. Ésa es la actitud, me digo una vez más. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Ian McEwan

Todos tenemos autores a los que leemos pase lo que pase, sea su último trabajo una obra maestra o simplemente se trate de una buena obra. El caso es que no podemos dejar de leerlos. La manera de escribir, de atrapar las emociones, de concebir sus mundos propios. Los leemos, irremediablemente. La lista, con los años, se va volviendo más grande. Muchos escritores, muchas escritoras. No podemos dejar pasar una. Las ganas son superiores a la posible decepción. Aunque eso ocurra, la decepción, aparecerán destellos por los que habrá merecido la pena. 
Ian McEwan es uno de esos autores, para mí, imprescindibles. Escriba lo que escriba, voy a leerlo. Unas veces me gusta más que otras, naturalmente. Eso es normal. Quizá 'Chesil Beach' sea su mejor novela. A mí -si tuviese que elegir- es la que más me gusta. Superarla será algo complicado. Tal vez lo consiga, quién sabe. Ahora llega 'Cáscara de nuez' (Anagrama). Empecé a leerla a las cuatro de la mañana y no he podido dejarla hasta ahora. Con eso lo digo todo. Y también que este señor se merece el Nobel mucho más que otros que aparecen siempre en las encuestas. Pero todo es cuestión de suerte, ya se sabe. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Revisión

Siento ser pesado con este tema, pero creo que conviene repetirlo. Hoy a mi madre le tocaba revisión con la cardióloga en el hospital. Una de las muchas revisiones que aún tenemos por delante. Son las nueve de la mañana y entrar en aquella consulta es entrar en un lugar cálido, acogedor, luminoso (pese al día), incluso alegre. La doctora nos recibe con su mejores palabras y sonrisas. Mi madre está asustada, apenas ha podido dormir. Normal. Estamos asustados, pero a nosotros nos toca disimular. Le hace una serie de preguntas sobre cómo va, sobre el tratamiento, sobre el día a día, etcétera, y parece como si estuviésemos hablando con una amiga de toda la vida. Esa encantadora mujer, que se llama Laura, no le quita importancia a las cosas, pero sí aligera con su carácter el trámite, la situación, la tensión inicial, el miedo que reflejan nuestros rostros. Nos tranquiliza. Y eso, como muchos sabéis, es tan válido como todo lo demás. Hay que tener cuidado con todo, ser prudentes, eso ya lo sabemos, pero la manera de decirlo nos ayuda a respirar con alivio. La cosas van bien. ¿Que puede volver a repetirse? A todos los que estamos vivos nos puede pasar, dice. Pero no hay que obsesionarse con eso ni con nada. Mi madre sale más contenta de la consulta. Y la verdad es que, aparte de dar las gracias una y otra vez por la sanidad que tenemos, a mí lo que me apetecería antes de abandonar la consulta es darle un efusivo abrazo a Laura. Lo sustituyo por un eufórico agradecimiento y mi mejor sonrisa.   

jueves, 2 de febrero de 2017

Adopción

Hace unos años, Íñigo y yo pensamos en la idea de tener un hijo. Los dos éramos jóvenes, teníamos trabajo y ganas. Siempre pensamos, aún a pesar de las trabas y dificultades añadidas por ser una pareja gay, en la adopción. Hay tantas niños en el mundo con falta de todo tipo de necesidades que pensamos que ese era el camino correcto. Nunca nos planteamos la posibilidad de un vientre de alquiler. Nos parecía tremendo que una madre se tuviese que desprender de su hijo al nacer, aunque supiese que iba a tener un buen hogar y todo eso. Pero, respetando las opciones de cada uno, esa era nuestra opinión. Poco después, las cosas cambiaron de modo radical. Me quedé sin trabajo y aquella idea tuvo que quedar descartada. Los años fueron pasando y la posibilidad de tener hijos se fue desvaneciendo, como tantas otras posibilidades. Así es este juego. A veces, si soy sincero, lo echo de menos. Porque se habla mucho del instinto maternal, pero el paternal también existe. Puedo dar fe. 
Dicho lo cual, añado que estoy a favor de que se regule la ley en nuestro país. Porque, más allá de las opiniones de cada uno y de nuestro propio ombligo, están las de los demás. Las de las demás, en este caso. Si una mujer, libremente y sin coacciones, quiere ejercer de madre de alquiler, ¿quiénes somos los demás, aunque no nos parezca una buena idea, para negárselo? Creo que hay mucha hipocresía al respecto. Pienso que la libertad individual está por encima de todo lo demás. La libertad de esa mujer que quiere hacerlo, por los motivos que considere. Y cada uno tiene derecho a hacer con su vida lo que mejor le parezca, sin presiones, coacciones y con leyes que nos respalden. 

viernes, 27 de enero de 2017

Carmen

Hace un año que murió Carmen. Me lo recuerda este invento. Aunque tampoco hace falta que así sea, ya que nos acordamos de ella cada vez que tomamos un vino en alguno de los bares de los alrededores de casa, que eran los mismos bares que ella frecuentaba. Aún puedo oír su optimismo y su risa contagiosa, y ver el estilazo que se gastaba sentada en alguna terraza, con su melena rubia, su copa de vino y su eterno cigarrillo. A veces, si os soy sincero, pienso que si me doy la vuelta puedo encontrarla allí, como entonces, como siempre, preguntándome por mi madre o por mi nuevo libro. Manejando palabras, risas y aquellos pañuelos largos y alegres que usaba y que el viento movía a su antojo. Carmen era una figura imprescindible de este barrio. Por eso, y por ser la estupenda señora que era, muchos seguimos recordándola. Habrá que salir hoy a tomar ese vino y encontrarse con el eco de aquella voz, de aquel tiempo, tan presente aún. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Loving

No he querido ver la investidura de Trump, ¿para qué? He optado por meterme en un cine. 

'Loving'. Por la temática podría ser uno de esos telefilmes de sobremesa con los que la gente se duerme, pero no lo es. El amor (basado en una historia real) de una pareja formada por un hombre blanco y una mujer negra en la América profunda de los 50. Es una película de miradas y silencios, con una sutil dirección de Jeff Nichols y dos memorables interpretaciones de Ruth Negga y Joel Edgerton (promete mucho la carrera de este camaleónico actor). No por conocida, la historia deja de conmover ni de enfurecernos esas tremendas injusticias del sistema y de la propia vida (me refiero al final de la historia de la pareja). Hay mucho donde elegir ahora mismo en la cartelera. 'Loving' merece la pena. Más que la investidura, eso seguro.   

Misantropía

Tengo escrito que, para mí, la auténtica decadencia en la que vivimos empezó cuando comenzaron a derribar cines a diestro y siniestro para construir supermercados y gimnasios. Estos días, después de leer que Paquirrín tiene un doble disco de oro, creo que ya no hay retorno posible. O ya no lo verán nuestros cansados ojos. 
Y sólo puedo pensar en una cosa: en toda esa gente con verdadero talento que se pudre en cualquier cuneta, haciendo hamburguesas por tres miserables duros o viviendo en casa de sus padres con 40 años. 
Definitivamente, la misantropía va a ser el mejor plan.  

viernes, 20 de enero de 2017

Adiós

Fuimos felices a trompicones, como lo son las parejas que no están destinadas a permanecer mucho tiempo juntas. Entre unas batallas y otras, dos años duró nuestro camino en común, hace ahora casi veinte. Jóvenes, inexpertos, inmaduros, alocados. Un poco perdidos en la inmensidad de este mundo y sus complejidades. Un poco perdidos, y ya está. Como todos los jóvenes, inexpertos, inmaduros y alocados, imagino. No vamos a buscar ahora las razones que no quisimos (o no supimos) hallar entonces. La vida, a su modo, se escribe sola. Nosotros hacemos trazos y señales, buscamos huellas y abrazos, dibujamos historias y proyectos. Siempre náufragos. La vida, a su modo, se escribe sola, sencillamente. Y con los años, el rencor deja de tener sentido. Por algo peinamos canas y se arremolinan sin piedad arrugas cerca de nuestros ojos (cansados, alegres, risueños o fatigados). 
Acabo de enterarme de su muerte. Y lo siento de veras. No es justo que una persona se muera con 52 años. Pero somos eso, náufragos, por mucho que nos envalentonemos, por mucho que tratemos de olvidarlo. Y la vida, con trazo más bien grueso, siempre tiene la última palabra. 

martes, 17 de enero de 2017

El frío

El frío, el frío. Todo el mundo hablando de lo mismo. En la calle, en las tiendas, en los cafés, en los ascensores, en las redes... Qué cansancio. Pienso en el frío y pienso en ese hombre que duerme en el Parque de Invierno, debajo de un árbol, tapado con plásticos y mantas viejas. O en los refugiados. En todas esas personas que tienen que huir de su tierra y en esas otras que duermen a la intemperie, sea cual sea su país. Eso sí es sentir frío, y por partida doble. Si estamos en invierno, ¿qué queremos? El frío es lo que corresponde. Te buscas una buena manta, te tomas un colacao bien caliente o tres vinos, y ya no hay frío que valga. 

martes, 10 de enero de 2017

Sobre la escritura

A veces, algún periodista o alguna lectora curiosa, me pregunta cuándo voy a escribir otra novela. Siempre respondo con sinceridad: no lo sé. La novela, al menos para mí, tiene que surgir de algún modo: de una imagen, de unos personajes que se van formando en tu cabeza, para luego desarrollar una historia convincente. Algunas personas me sugieren que escriba una segunda parte de 'El tiempo que vendrá'. No lo voy a hacer. He escrito dos novelas muy diferentes entre sí y la tercera -si llega- espero que no se parezca a ninguna de las dos. Aunque, al estar llena aquella primera novela de grandes connotaciones autobiográficas, algunos personas aparecen en mi diario, sin esconderse detrás de ningún personaje, abiertamente. Y no, no voy a escribir más (de momento, al menos), aunque pudiese hacerlo (las anécdotas más terribles no están contadas en el libro), del acoso escolar que sufrí. Es un tema demasiado doloroso ahora mismo para mí. Quizá me estoy haciendo mayor y me invada una especie de pudor o de fragilidad por los acontecimientos vividos en los últimos tiempos. 
Agradezco, tanto a los periodistas que me entrevistan como a los lectores, su interés y sus propuestas. De todo tomo buena nota. El diario saldrá en breve, como ya he anunciado. Mientras tanto, seguiré escribiendo cuentos, que es un género que me apasiona. Como lector y como escritor.