jueves, 22 de marzo de 2012

Perros que ladran en el sótano

Perros que ladran en el sótano o los demonios interiores que todos llevamos dentro, que cada cual escoja los suyos. La historia de una familia, de una familia como cualquier otra: el padre, la madre, los dos hijos... Los secretos que se cuelan, las palabras que se callan, los gestos indebidos, las cartas que explican lo evidente, el dolor y el cansancio propiciado por el mero hecho de vivir, los misterios que aguardan cuando uno empieza a crecer y descubrir las cosas, todas las cosas, incluso las que están (estaban: la novela se desarrolla en el franquismo) prohibidas, las que no se pueden nombrar ni practicar bajo ningún concepto. La homosexualidad, por ejemplo. El descubrimiento de esa sexualidad, las maneras de llevarla a cabo, dados los tiempos y la persecución que se ejercía contra todo lo que se salía de la norma establecida, de aquellas miserables leyes creadas desde las posiciones más reaccionarias, crueles y violentas. ¿Quién hará callar a esos perros que ladran en el sótano, que no dejan de hacerlo? ¿Quién amortiguará ese sonido hasta hacerlo desaparecer por completo, sin que nada malo llegue a ocurrir? Moviéndose en el tiempo, Olga Merino nos va contando la historia de este niño, Anselmo, que, ya adulto, ante la enfermedad de su padre, va rememorando el pasado, su pasado y el de su familia: la infancia, la adolescencia, el descubrimiento del sexo y sus torpes inicios, los silenciosos y oscuros escarceos sexuales que vendrán después, los años en los que se enrola en una decadente troupe de variedades, la época de la madurez vivida junto a un padre enfermo, en un trabajo rutinario, rememorando. La furia de esos perros que nadie, pese a todo, puede hacer callar. Esos perros que no cesan de ladrar en el sótano, aunque el ritmo de los ladridos ya no sea el mismo: el tiempo, que siempre puede con todo. Dos Españas, la de entonces y la de ahora. Cambios, transformaciones, aprendizajes, miserias, lugares a los que ya no se puede ni se quiere volver... Y el recuerdo de esa madre, de esa hermana, de esa familia que ya no existe más allá de la memoria, mientras la decadencia del padre, pálida y patética sombra de lo que fue, es cada vez más evidente. Muchos personajes se mueven por la novela, cada uno con su particular historia detrás: con su miseria, con su grandeza. Víctimas, en algunos casos, del tiempo que les tocó vivir, de sus circunstancias. Personajes que no olvidan ni quieren olvidar. Nadie gana la partida, ni siquiera ese que parecía el más fuerte, el indestructible, el galán trasnochado, lo consigue. Y vuelvo a la madre y a la hermana del protagonista, dos personajes memorables: tan frágiles, tan poderosos. "Perros que ladran en el sótano", una de esas novelas en las que, detrás de su aparente sencillez, se esconden potentes historias, vidas que hielan la sangre y la sonrisa, que podríamos asegurar que están ahí, a nuestro alrededor, casi cada día, y apenas nos damos cuenta de ellas. Olga Merino ha conseguido estremecernos. Y los perros, en el sótano, que siguen ladrando. Que no dejarán de hacerlo hasta que hayamos desaparecido.

1 comentario:

  1. Tienes toda la razón, "no dejarán de ladrar mientras estemos aquí". De todas formas, me gustaría destacar la siguiente lectura: El franquismo es la peor experiencia que he vivido en mi vida, incluso más que algunas absolutamente personales, espero que la velocidad a la que circula el mundo en el que vivimos, no me lleve de vuelta.

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