domingo, 28 de agosto de 2016

El final del verano

Hay un día en el mes de agosto en el que te das cuenta de que el verano está llegando a su fin. Aunque haga sol en tu ciudad, llegas a la playa y el cielo está completamente encapotado y el viento azota la arena con fuerza. Quizá sea la última instantánea de playa de este verano. Respiras hondo y contemplas el mar durante un buen rato. Tienes la sensación de que se va a poner a llover de un momento a otro. Regresas a la ciudad -donde extrañamente continúa luciendo el sol: así son las cosas aquí, en el norte- con cierta frustración por el viaje perdido. No porque se intuya ya el principio del otoño. Siempre me ha gustado que llegue septiembre. El comienzo de un nuevo curso. Quién sabe lo que puede suceder. Dejemos que la vida siga su periplo, tan suyo y tan caprichoso. Dejemos que nos sorprenda. 
Hay un día en el mes de agosto en el que te das cuenta de que el verano está llegando a su fin, sí. Y ese día te apetece comer lentejas, pero no lo haces porque tienes que comer los bocadillos que has preparado para la playa. Esperas al día siguiente y entonces sí, las preparas y, mientras se van haciendo lentamente en la cocina, escribes esto. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Esos placeres

Verter un poco de miel en la taza de té. Observar cómo se desliza la miel de la cucharilla y, justo en ese preciso instante, el único rayo de sol que acaba de surgir en toda la tarde, en medio de todos esos nubarrones que no nos permiten ser demasiado optimistas, se posa sobre ese hilo de miel que va cayendo suavemente sobre el té caliente, sin más aderezo. En el estudio sigue sonando la Chacona de Bach, en la versión para piano de Busoni, interpretada por Rhodes. El mundo podría detenerse ahora mismo ahí, en este instante, y no pasaría nada. 
No me interesan ya los grandes gestos, las palabras rimbombantes que sólo conllevan vacío y no conducen a nada, la parafernalia a destiempo, ni la mentira. Ah, los besos de Judas. Sólo me importa eso, hoy, ahora, en este preciso instante, un hilo de miel derramándose en el té caliente y una música sublime. 
Esos placeres. Sin otras preguntas. Sin otro planteamiento. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Otro día de playa

Las olas se rompen contra nuestros tobillos, en la orilla. Hoy el mar está embravecido. Extrañamente, la furia de ese sonido me reconforta. Respiro hondo y miro al cielo. Está despejado. Hay poca gente en la playa. Mejor así. La caminata es larga. Llegamos hasta la siguiente playa y regresamos. Entre la ida y la vuelta, unos cuantos kilómetros. El agua está helada, pero entro en ella y mojo el cuerpo. Me gusta caminar así, con el cuerpo mojado, sentir cómo el sol, que ya no es tan poderoso como otros días, va secándolo lentamente. También me gusta sentir el cansancio de la caminata en las piernas. Comentamos esto y lo otro, y también guardamos silencio. A lo lejos, casi sobre el mar, hay una casa. Pienso en lo maravilloso que debe resultar levantarte cada mañana y ver ese mar, más o menos embravecido, mientras tomas el primer café de la mañana. Siempre pienso lo mismo cuando vamos a esa playa. Algún día tendremos una casa así, muy cerca del mar. Esa idea también me reconforta. Los silencios serán los mismos que los de este día. Y también como hoy, en medio de esos silencios, pensaré en la historia que esté escribiendo y le contaré a él el rumbo de los personajes, de la historia, como acabo de hacer ahora mismo con el cuento que en estas últimas semanas me traigo entre manos. 

viernes, 19 de agosto de 2016

Un paseo

Un paseo. Un simple paseo por la ciudad en esta tarde sin sol que ya parece una tarde de septiembre. Un paseo largo, a su lado, con eso es suficiente. Ni siquiera nos hemos planteado hoy tomar un vino en una terraza ni una asequible cena fuera de casa. Un simple paseo, charlando, viendo esos escaparates de cosas que ahora no están a nuestro alcance y entrando en librerías de segunda mano donde siempre aguarda un hallazgo inesperado por unos pocos euros. Con los años, ya más relajados, sabemos apreciar eso. Un simple paseo. Juntos. Los proyectos irán surgiendo o no. El caso es perseguirlos, trabajar constantemente en ellos. Escribir mucho, corregir mucho, leer mucho, eso es lo que hago, como siempre. Él, a mi lado, lo sabe mejor que nadie. 
Un paseo. Un simple paseo, en una tarde que ya no parece pertenecer al verano, a su lado. Con eso es suficiente. Mientras otros intentan atrapar un dichoso Pokémon cuando pasan por nuestro lado, yo saboreo estos instantes que se parecen a la felicidad, que de hecho lo son, ahora que la edad nos permite saberlo.   

martes, 16 de agosto de 2016

Un hombre sentado en un banco

El hombre está sentado todos los días en el mismo banco, a la sombra de unos árboles. A su lado, una lata de cerveza abierta y una bolsa con más cervezas. No importa que la hora de mi paseo sea por la mañana o por la tarde. El hombre siempre está en el mismo banco, rodeado de las mismas cervezas (puede que compre un pack por la mañana y otro por la tarde, no lo sé). Lleva una barba blanca y muy poblada, posee un rostro serio y demacrado, y probablemente tenga menos edad de la que aparenta. Parece cansado, muy cansado. No hablo de cansancio físico, sino de ese otro cansancio que vence más que diez horas de trabajo y del que siempre resulta complicado restablecerse. Cada vez que paso por allí, por la mañana o por la tarde, no puedo evitar la pregunta: ¿Cuáles son los motivos? No resulta muy complicado imaginarlos. Desde que empezó la crisis (el paro, la falta de dinero, etcétera, etcétera), cada vez es más frecuente encontrarte con personas así. El mundo sigue rodando y a nadie (dentro de ese nadie, con mayúsculas, me refiero también a los políticos) parece importarle demasiado que pasen estas cosas. Lo importante es salvarse el propio pellejo. Que la pistola siempre apunte hacia otro lado. 

viernes, 12 de agosto de 2016

Lucky

La madre de Lucky, que así se llama el gato de mi hermana, tuvo ocho cachorros. La dueña de la gata se quedó con cuatro. Las sobrinas de mi cuñado descubrieron a los otros cuatro. Lucky era el más sociable y cariñoso. Ayer llegó del pueblo. No quiere estar más que en el cuello, de mano en mano va, como un juguete, y en todas las manos encuentra acomodo. No protesta por nada. Ya tiene controlada la casa: la comida y el baño. Le encanta sentarse encima del ordenador. Hoy, después del veterinario, vendrá a conocer a Francesca. No sé yo si Francesca querrá compartir trono y mimos aunque sea por una tarde. Es muy buena pero muy suya. Una absoluta diva felina. Veremos qué pasa.

martes, 9 de agosto de 2016

La belleza

Esta tarde voy a conocer -¡al fin!- a Manuel Astur, cuyo libro 'Seré un anciano hermoso en un gran país' me gustó mucho. Quiere hacerme una entrevista para un periódico. Nos veremos dentro de un rato. Entre tanto, mientras preparo una pasta con verduras y me bebo una copa de vino tinto, escucho a Luis Eduardo Aute, una vez más, deseándole lo mejor en este feo trance por el que le está tocando pasar. Su música podría definir casi todos los estados de ánimo por los que he pasado desde que tengo uso de razón hasta hoy. La grandeza de su poesía alcanza esas cotas. Si fuese creyente, maestro, rezaría por usted. Como lo no soy, elevo mi copa hacia lo alto, y confío. Y sigo pensando en ella, la belleza.